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Algunos animales tienen sentidos del olfato muy desarrollados. Entre estos animales se encuentran los roedores; perros y sus parientes salvajes, como lobos y coyotes; y mustélidos que son mamíferos carnívoros como comadrejas, nutrias y hurones.

Los cerebros de estas especies tienen tres o más veces más neuronas receptoras olfativas funcionales (células nerviosas que responden a los olores) que las especies con capacidades olfativas menos agudas, incluidos los humanos y otros primates.

El científico investigador Glen Golden, que ha entrenado perros y hurones para detectar la gripe aviar en las aves, explica por qué ciertos animales son adecuados para olfatear enfermedades.

Estas neuronas receptoras olfativas son responsables de detectar e identificar compuestos olfativos volátiles que envían señales significativas, como el humo de un fuego o el aroma de la carne fresca. Una sustancia es volátil si cambia fácilmente de líquido a gas a bajas temperaturas, como la acetona que le da al quitaesmalte su olor afrutado. Una vez que se vaporiza, puede extenderse rápidamente por el aire.

Cuando uno de estos animales detecta un olor significativo, la señal química se traduce en mensajes y se transporta por todo su cerebro. Los mensajes van simultáneamente a la corteza olfativa, que se encarga de identificar, localizar y recordar el olor, y a otras regiones cerebrales responsables de la toma de decisiones y la emoción. De modo que estos animales pueden detectar muchas señales químicas a grandes distancias y pueden hacer asociaciones mentales rápidas y precisas sobre ellas.

En la mayoría de los estudios que han utilizado perros para detectar el cáncer, los perros han identificado muestras físicas, como piel, orina o aliento, de pacientes que han sido diagnosticados con cáncer o que tienen cáncer no diagnosticado en una etapa temprana. Los científicos no saben qué señal de olor usan los perros o si varía según el tipo de cáncer.

La investigación en la Universidad de Auburn ha demostrado que los perros pueden recordar y responder a 72 olores durante una tarea de memoria de olores. La única limitación es la cantidad de formas en que un perro puede comunicarse sobre diferentes señales de olor.

 

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