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Cuando se descubrió la estructura de la doble hélice del ADN, los científicos de todo el mundo argumentaron que habían desvelado el secreto de la vida misma.

La prueba crucial fue presentada por una mujer de 30 años, la química y cristalógrafa inglesa Rosalind Franklin en la famosa “fotografía 51”, junto a Raymond Gosling, un estudiante de doctorado que colaboraba con su departamento. Esta era una imagen de rayos X que mostraba una cruz de puntos oscura, que sugería la estructura helicoidal de la molécula y que permitió inferir detalles clave del ADN.

Franklin había tomado las imágenes de ADN por difracción de rayos X durante su estancia en el King's College de Londres.

Desafortunadamente, su contribución al descubrimiento de la estructura del ADN, uno de los descubrimientos más importantes de la medicina moderna, solo se reconoció póstumamente.

Gracias al trabajo de Franklin y a sus propias aportaciones, los dos científicos, Watson y su compañero investigador Francis Crick de la universidad de Cambridge, lograron formular su hipótesis sobre cómo debía ser la estructura del ADN y construyeron el primer modelo correcto de la molécula de ADN, con una doble hélice.

Franklin murió de cáncer de ovario cinco años después, a los 37, sin llegar a saber hasta qué punto el trabajo de Crick y Watson había dependido de su investigación.

En 1962, Watson, Crick y Wilkins recibieron el premio Nobel de Medicina por su investigación sobre la molécula del ADN.

De haber seguido con vida, el comité de los Nobel debería haber reconocido también la contribución de Rosalind Franklin a la ciencia, dado que estaba al mismo nivel que el de sus colegas.

Pero es difícil especular sobre lo que podría haber sucedido dadas las actitudes sexistas que aún existen en la ciencia como en el resto de nuestra sociedad, y más aún hace unos 60 años.

En 2003 la Royal Society de Reino Unido estableció el premio Rosalind Franklin para ayudar a las mujeres en la ciencia.