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Hace unos días un menor de 12 años del estado de Utah en Estados Unidos se suicidó por el acoso que sufría en la escuela. Sus padres quedaron destrozados y la noticia ha recorrido el mundo haciéndonos reflexionar sobre este problema.

El bullying o acoso escolar afecta a los niños que son víctimas de él. Muchos niños en edad escolar pueden llegar a sufrir acoso sin que los padres se enteren por vergüenza de contar lo que les está pasando en la escuela. Generalmente el acosador se vale de la intimidación repetitiva, la violencia física, la burla, los insultos, de crear chismes negativos o favorecer el aislamiento social hacia una persona.

El perfil tipo del agresor o acosador responde a las siguientes características:

  • Personalidad irritable y agresiva.
  • Bajo autocontrol.
  • Ausencia de empatía.
  • Tendencia a las conductas violentas y amenazantes.
  • Impulsivo
  • Su rendimiento académico suele ser bajo. En ocasiones es algo mayor que el resto de la clase por haber repetido uno o varios cursos.
  • Su comportamiento en el aula se caracteriza por las salidas de tono, las bromas fuera de lugar e incluso actitudes desafiantes frente a profesores y compañeros.
  • Es posible que pertenezca a una familia desestructurada, con antecedentes de violencia doméstica.
  • Físicamente fuerte.
  • Asume el rol de líder ante un grupo de alumnos de características psicológicas parecidas o que buscan reconocimiento e integración en el grupo.

El acoso favorece en la víctima la posibilidad de padecer ansiedad, dificultades académicas, disminución de la empatía y autoestima, actitudes sumisas, falta de confianza, y paradójicamente existe también la posibilidad de favorecer la agresividad y la inducción de conductas provocadoras.

¿Qué hacer ante el acoso?

Es necesario que los adultos –tanto los docentes como los padres– asuman que el problema existe, que es más frecuente de lo que parece, que puede tener consecuencias graves y, especialmente, que ellos deben intervenir y que deben hacerlo lo más pronto posible. Porque las situaciones de malestar crónico, individuales o colectivas, si no se detienen, crecen. Y no pueden sostenerse mucho tiempo sin ocasionar daños a veces irreparables.

El apoyo de los padres es fundamental para escuchar, acompañar y buscar la resiliencia. De igual manera la comunicación constante con los hijos y con la escuela y maestro para buscar una solución y evitar que el acoso siga siendo un problema para los niños.

Propiciar en los niños amistades de calidad. La dopamina y oxitocina fortalecen el sistema de recompensa del cerebro, mejorando la autoestima.

Propiciar las habilidades para solucionar problemas: la terapia cognitiva conductual puede ayudar a fortalecer el conocimiento y otorgar una mejor explicación de los hechos.

 

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