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En el transcurso de tu vida tendrás decepciones de amor, muchas veces sentirás que tu corazón se rompe en mil pedazos y que nadie, excepto esa persona que te “dejó” o “engañó”, podrá devolverte la alegría nuevamente.

Es por eso por lo que dentro de ti existirá esa "falsa" necesidad de rogarle y suplicarle para que regrese a tu vida con tal de retener a la persona. Pero recuérdalo siempre: ¡No vale la pena que te humilles ni supliques "amor" por nadie!

Es una triste realidad, darte cuenta de que desafortunadamente, muchos hemos caído en esa situación. Rogar y humillarnos en nombre de un falso y dependiente “amor”. Un "amor" que, al verlo desmoronarse, optamos por recurrir a cualquier cantidad de humillaciones antes de sentirnos despreciados, pues creemos firmemente que moriremos sin la presencia de esa persona idealizada.

Hay quienes a pesar de tener una relación que ya no da para más, no son conscientes de la agonía que van padeciendo día tras día, aferrándose a la idea de que todo se solucionará y que el amor que un día existió en la relación renacerá.

El problema que hace imposible quitarnos la venda de los ojos somos nosotros mismos, esa idea de luchar por una falsa ilusión, sin importar la humillación, dolor, sacrificio y desesperación que esto te cause.

Cuando te rehúsas y no crees lo que está sucediendo en tu relación, no existe poder alguno que te haga pensar lo contrario, así que en vano serán los consejos de tus amistades, familiares e incluso de algún psicólogo, pues tu mente estará sumergida en esa droga erróneamente llamada “amor”.

No nos importa ver pisoteada nuestra dignidad (y lo peor es que nosotros mismos somos quienes la aniquilamos con nuestras acciones), permitimos actos de humillación, desprecio, maltrato y violencia en contra de nuestra integridad emocional, psicológica y hasta física.

Entonces ¿Por qué lo permitimos?:

La respuesta es la baja autoestima que muchos poseemos, lo cual nos hace caer fácilmente en la deplorable dependencia emocional y afectiva. Creemos que sin la persona "amada", a la que hemos idealizado a lo largo de la relación y a quien convertimos en el centro de nuestro universo, nuestra vida no valdrá la pena.

Someterse por amor es una pésima opción, pues además de ser indignante, se ha comprobado que la persona que se rebaja produce fastidio. Es muy difícil amar a un ser que se doblega para obtener afecto. Un amor indigno es una forma de esclavitud. Y los dueños nunca aman a sus esclavos; los explotan o se compadecen de ellos, pero no los aman.

Nadie vale tanto la pena para humillarnos y perder la autoestima.

El amor verdadero no se mendiga:

Nunca supliques para que no te abandonen o para que vuelvan junto a ti. Esa actitud débil sólo te pondrá en una mala posición ante ti mismo y ante la otra persona. Parecerás necesitado, obsesivo y, en ocasiones, agresivo. Y no es así. Tú no necesitas forzar una relación amorosa, por el contrario, un vínculo se forja en base a la espontaneidad, libertad y respeto mutuos, no por medio de la fuerza, presión o acoso. Estos atributos no son dignos de nadie.

Cuando veas que tu relación se "tambalea" lo mejor es intentar hablar con tu pareja. Si no puedes hacerlo y las cosas parecen definitivas, lo ideal es alejarse de forma digna y respetuosa. Guarda la calma, acomoda bien tu bello traje de dignidad (ése que NUNCA debes quitarte) y ármate de fortaleza. Proyecta tu vida hacia el futuro, y no mires atrás. Cambia la página, el libro de tu vida continúa con lo que tú quieras escribir, digna y orgullosamente, en él.

Debes pensar en ti y amarte lo suficiente para no sentir esa necesidad adictiva de ser amado. Cuando te amas y aceptas no sentirás esa necesidad de “dependencia” hacia tu pareja, gozarás de un amor sincero y saludable, pero si no sabes respetarte ni mucho menos amarte, estarás destinado a que tus emociones, actos y pensamientos dependan de otra persona.

Debes entender que eres un ser humano íntegro y no mereces recibir un amor falso, lleno de manipulaciones, insatisfacción, indignación o maltrato. Cuando una persona te ama verdaderamente no te hará pasar por situaciones incómodas, humillantes o que te degraden como persona.

La única manera de superar una ruptura es que tú mismo te quites la venda de los ojos y pongas los pies en la tierra.

No malgastes tu presente tratando de “salvar” una relación, no te rebajes ni supliques a esa persona por amor, y si te dejó, valórate y levántate, aún te quedan muchas oportunidades, solamente quítate esa venda de los ojos para que puedas apreciarlas.

 

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