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Coleccionar es un instinto humano básico y muy antiguo, propio de personas organizadas, cuidadosas y un punto obsesivas. Ya sea de sellos o de lámparas, de cuadros o abanicos, una colección puede convertirse en una pasión de por vida, con todo lo que ello implica.

El coleccionismo es una afición, un hobby, pero ¿cómo es la mente de un coleccionista?

Coleccionar es una especie de necesidad vital que resulta difícil de describir pero que, como explica el psicólogo Ricard Cayuela, es una característica muy propia de los auténticos coleccionistas. “La búsqueda de una afición, distracción o un hobby, que acaba en una decisión de dedicarse al coleccionismo está sin duda muy ligada a aspectos de personalidad”, explica. Según Cayuela no se puede hablar de un patrón estricto, pero si de una característica muy propia de los auténticos coleccionistas: “Son ordenados y cuidadosos y se da también cierta posición obsesiva, que puede ser exacerbada sin caer en la patología y que está directamente relacionada con lo que se colecciona. Existe, además, una vinculación psicológica con el objeto coleccionado”.

Sin ir más lejos, la mayoría de los coleccionistas empiezan a coleccionar desde niños. Una afición que, como explica Ricard Cayuela, resulta beneficiosa en muchos sentidos: “Porque produce relajación y la satisfacción anímica de conseguir cosas, además de la contemplación de algo que para el coleccionista resulta bello o precioso”. También facilita el orden, el deseo de cuidar los objetos y de valorarlos. Coleccionar es también un modo de aprender a gestionar la frustración (no se puede lograr todo ya, hay que tener paciencia), y de aumentar la autoestima (en el momento de mostrarla a otras personas). Puede ser asimismo el embrión de algunas vocaciones, como la de naturalista. Charles Darwin, por ejemplo, fue un ávido coleccionista y en parte gracias a su nutrida y colección de especies pudo acuñar su teoría de la evolución. Otro célebre naturalista inglés, David Attenborough, asegura que aprendió taxonomía, la base de las ciencias naturales, coleccionando fósiles de niño. “En la infancia se es coleccionista por naturaleza: coleccionar e identificar es un instinto básico, algo enraizado en todos nosotros”, afirma.