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Arráncame la vida de Ángeles Mastretta, es una de las grandes novelas de la narrativa contemporánea. En ella nos va contando la autora mexicana la evolución de Catalina, una niña que es obligada a casarse con el general Andrés Ascensio.

Este es un fragmento de la novela:

“Y de veras me atrapó un sapo. Tenía quince años y muchas ganas de que me pasaran cosas. Por eso acepté cuando Andrés me propuso que fuera con él unos días a Tecolutla. Yo no conocía el mar, él me contó que se ponía negro en las noches y transparente al mediodía. Quise ir a verlo. Nada más dejé un recado diciendo: «Queridos papás, no se preocupen, fui a conocer el mar.»

En realidad, fui a pegarme la espantada de mi vida. Yo había visto caballos y toros irse sobre yeguas y vacas, pero el pito parado de un señor era otra cosa. Me dejé tocar sin meter las manos, sin abrir la boca, tiesa como muñeca de cartón, hasta que Andrés me preguntó de qué tenía miedo.

—De nada —dije.

—Entonces ¿por qué me ves así?

—Es que no estoy muy segura de que eso me quepa —le contesté.

—Pero cómo no muchacha, nomás póngase flojita —dijo y me dio una nalgada—. Ya ve cómo está tiesa. Así claro que no se puede. Pero aflójese. Nadie se la va a comer si usted no quiere.

Volvió a tocarme por todas partes como si se hubiera acabado la prisa. Me gustó.

—Ya ve cómo no muerdo —dijo hablándome de usted como si fuera yo una diosa—. Fíjese, ya está mojada —comentó con el mismo tono de voz que mi madre usaba para hablar complacida de sus guisos. Luego se metió, se movió, resopló y gritó como si yo no estuviera abajo otra vez tiesa, bien tiesa.

—No sientes, ¿por qué no sientes? —preguntó después.

—Sí siento, pero el final no lo entendí.

—Pues el final es lo que importa —dijo hablando con el cielo—. ¡Ay estas viejas! ¿Cuándo aprenderán?

Y se quedó dormido”.

 

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