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Rupi Kaur es una chica que a sus 27 años es una poeta, ilustradora y actriz nacida en la India y nacionalizada canadiense. Saltó a la fama con dos libros de prosa poética: “Milk and Honey” (2014) y “The sun and her flowers” (2017) con influencia de escritores y eruditos como Kahlil Gibran, Alice Walker y Sharon Olds .

Como toda una millennial, Rupi Kaur ha ido creciendo junto a sus seguidores en redes sociales, y en su cuenta de instagram alcanza ya los 4 millones de seguidores que gustan de sus poemas cortos e intensos con los que todos ellos se identifican.

Este es uno de los poemas que ha publicado:

A qué se parece el amor

«A qué se parece el amor,

pregunta la terapeuta,

una semana después de la ruptura
y no estoy segura de cómo responder a su pregunta,
excepto por el hecho de que pensaba que el amor se parecía mucho a ti,
ahí fue cuando lo entendí y me di cuenta de lo inocente que había sido
por asociar una idea tan bonita a la imagen de una persona,
como si cualquier persona de este mundo pudiera abarcar toda la representación del amor,
como si esta emoción por la que tiemblan siete mil millones de personas
se pareciera a un chico de uno ochenta, de complexión normal y piel oscura,
al que le gusta la pizza fría para desayunar,

a qué se parece el amor pregunta de nuevo la terapeuta,
esta vez interrumpe mis pensamientos a media frase
y en ese momento estoy a punto de levantarme y salir por la puerta,
pero he pagado demasiado dinero por esta hora, así que en vez de eso la miro fijamente,
igual que miras a alguien cuando estás a punto de entregárselo,
con los labios fruncidos listos para empezar una conversación,
los ojos que indagan en los suyos, buscando todos los puntos débiles,
que tienen escondidos en algún sitio, el pelo detrás de la oreja,
como si hubiera que prepararse físicamente para una conversación sobre filosofía,

o más bien las decepciones de lo que parece el amor,

bueno, le digo, ya no creo que el amor sea él,
si el amor fuera él, estaría aquí,
si fuera el elegido, sería él quien estaría sentado frente a mí,
si el amor fuera él, habría sido sencillo,
ya no creo que el amor sea él, repito, creo que el amor nunca fue
creo que sólo quería algo, estaba dispuesto a darme a algo
que creía que era más grande que yo misma
y cuando vi a alguien que quizá pudiera representar el papel, puse todo de mi parte
para convertirlo en mi semejante,

y me perdí en él, tomó y tomó de mí, me envolvió en la palabra especial
hasta convencerme de que sólo tenía ojos para mí,
sólo tenía manos para sentirme, sólo tenía un cuerpo para estar conmigo,
ah cómo me vació,

cómo te hace sentir eso, me interrumpe la terapeuta,
bueno, le dije, me hace sentir como una mierda, puede que estemos todos enfocándolo mal,
creemos que es algo que se busca ahí fuera,

algo destinado a chocar contra nosotros de camino al ascensor

o a deslizarse por nuestra silla en una cafetería cualquiera,

o a aparecer al final del pasillo de una librería
igual de sexy que intelectual,
pero creo que el amor empieza aquí,
todo lo demás es puro deseo y proyección de todas nuestras necesidades y fantasías,
pero esos elementos externos nunca podrían funcionar si no nos miramos por dentro y aprendemos
a querernos a nosotros mismos para poder querer a los demás.

El amor no se parece a una persona,
el amor son nuestros actos,
el amor es dar todo lo que podemos,
aunque sólo sea el trozo más grande de un pastel
el amor es comprender que tenemos el poder de hacernos daño,
pero que vamos a hacer todo lo que esté en nuestras manos
para asegurarnos de que no nos lo hacemos,
el amor es imaginar toda la dulzura y el cariño que merecemos,
y cuando alguien aparece
y dice que nos lo dará igual que nosotros,
pero sus actos nos rompen más que construirnos,
el amor es saber a quién elegir»

 

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