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haymanzanas

 

Vivimos en pleno boom de los celulares, hay quien tiene dos o hasta tres, sin embargo, han perdido su utilidad original, es decir, se utilizan casi para todo menos para hacer llamadas, después de todo, ¿quién ha de querer hacerlas?, son demasiado caras y las ofertas pocas; así que, es preferible enviar un mensaje que, en teoría, sale más barato. Pero el tema que nos compete no es la telefonía móvil y sus ofertas, sino el hecho de que precisamente al escribir mensajes por medio de los celulares, solemos hacerlo rápido, abreviando las palabras e incluso escribiéndolas mal para ahorrar espacio y tiempo.


El tema sobre los mensajes de texto mal escritos se ha debatido una y mil veces desde hace varios años ya. Se han escrito infinidad de artículos que exponen la preocupación de madres de familia con respecto a la ortografía de sus hijos. También instituciones prestigiadas en todo el mundo han realizado estudios, algunos de ellos arremeten ferozmente contra el uso de estos “textismos” alegando que la tecnología, siempre rápida y cambiante, está creando una comunidad de iletrados que cada vez muestra menos interés en textos amplios y reflexivos. Algunos doctos en la materia, sobre todo los puristas del lenguaje, argumentan que el escribir textos codificados y abreviados impide la adquisición real del conocimiento. Pero la Unión Europea, siempre a la vanguardia y siempre a favor de la modernidad, llega con estudios en los que demostraron que los jóvenes no pierden ninguna competencia lingüística. Sorprendentemente, los estudios realizados en Francia demostraron que los jóvenes con mayor nivel ortográfico son los que han desarrollado este “pseudo-lenguaje” con mucho más habilidad y creatividad ya que se requiere cierta inventiva y capacidad de abstracción y de manipulación del lenguaje para poder usarlo con mayor efectividad.

Estas afirmaciones pueden llegar a consternarnos, sobre todo a los amantes del uso correcto de la lengua, pero antes de caer en crisis y seguir “satanizando” este lenguaje tan común entre la gente joven (y no tan joven), recordemos el tiempo en el que llegó a nosotros la taquigrafía, un código que superó en velocidad a la ortografía tradicional. No olvidemos los viejos telegramas que también estuvieron obligados a economizar palabras (por el precio) y dieron lugar a un extendido lenguaje sin artículos ni preposiciones, los pronombres encíclicos (“infórmesenos” “apréciola”) se utilizaban constantemente para que dos vocablos contaran por el precio de uno. Ahora bien, estos lenguajes adaptados a sus sistemas de comunicación se quedaron ahí. Ahí perecieron y a nuestra querida ortografía, pues no le pasó nada. Y como en esta vida todo es cíclico, pues entonces podemos suponer que tal vez ocurrirá lo mismo con los mensajes escritos con abreviaturas y horrores ortográficos (de todo corazón, espero que así sea)…


El problema no es que los jóvenes utilicen esta forma de comunicarse, más bien el problema radica en que deseen utilizarlo todo el tiempo y en todos los medios de comunicación escrita. Estas nuevas generaciones saben que no escribirán de esa manera en un examen porque les costará la calificación. Si al crecer, estas generaciones presentan informes académicos carentes de fluidez y coherencia, no habrá sido culpa del sistema de comunicación, sino del sistema educativo… Pero sea cual sea nuestra postura ante estos “horrores” o “invenciones creativas”, no olvidemos tres reglas de oro para mejorar la ortografía:


1). El hábito de la lectura, la mejor vacuna contra las faltas de ortografía.
2). Analiza tus puntos débiles con las faltas ¿con “b” o con “v”?
3). Cuando dudes como se escribe una palabra, puedes utilizar sinónimos, pero después consulta el diccionario para saber cómo se escribe la palabra de la cual dudabas. Sí, sí, lo sabemos, no siempre se tiene un diccionario a la mano, pero si tienes un celular o dos, o tres, ¡seguro uno de ellos cuenta con alguna aplicación que te ayude a practicar!

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