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sombrasMucho se ha hablado del éxito literario más grande de la década, “Cincuenta sombras de Grey” de la escritora E.L. James. Se le ha catalogado desde “peligroso manual para hombres”, “culto a la sumisión femenina” hasta llegar a “obra de arte”, pero si lo analizamos bien, no lo es tanto dada la escasa calidad literaria de la trilogía. Sus componentes literarios no requieren ningún esfuerzo intelectual para su comprensión. Su adaptación a la pantalla aligera el contenido sexual del libro para adecuarse a la moral de Hollywood. Este libro, pobre y previsible en su contexto no cuestiona ni aporta nada. Pero las cosas no siempre fueron así. La literatura erótica más grande de todos los tiempos atacaba de manera apabullante el status quo de la sociedad.

Sin inmiscuirnos en cuestiones morales ni religiosas, mucho menos en gustos por las diversas prácticas sexuales, sólo pongámonos a pensar un poco en la calidad literaria de la trilogía protagonizada por Anastasia Steele y Christian Grey y dejemos de considerar “obra literaria” a algo que en opinión de muchos expertos no lo es. Su éxito es indudable, pero no podemos clasificar algo que está destinado al entretenimiento puro de una sociedad, como “obra maestra” o “el mejor libro de todos los tiempos”.

Ya desde los griegos y romanos, quienes no eran sociedades muy puritanas que digamos y que fueron famosos por su preocupación sobre el tema amoroso, aparecieron escritos llenos de destellos de pasión. Antes de Cristo, los hindúes dieron una bofetada al mundo occidental con su “Kamasutra”. La Edad Media castigó al amor cortesano y el Renacimiento lo reivindicó peleando por la censura sufrida durante tanto tiempo. Pero la obra más significativa de todos los tiempos fue la del Marqués de Sade, quién el cine y la historia se ha empeñado en hacerle ver como un loco, pero su increíble destreza para plasmar sus ideas ferozmente críticas y coherentes, nos lleva a pensar que no estaba tan loco y para hacer honor a sus “espeluznantes” relatos, su apellido se ha convertido en un sustantivo. La palabra “sadismo” existe en nuestro vocabulario gracias a él. En su obra “Los 120 días de Sodoma” muestra en todo su esplendor y con una narrativa incomparable, su espíritu libre y rebelde. Su obra está cargada de una crítica implícita hacia el sistema de gobierno de esa época. Lo impactante de esta obra, más allá de los horrores que relata en ella, es que Sade provoca en lector (cosa que, a mi parecer, E.L. James no logra), una serie de sentimientos que pueden ir desde la excitación sexual hasta la inhibición completa, pasando por la angustia, la desesperación, el repudio y la cólera. Por tanto, “Cincuenta sombras de Grey” no logra más que el único cometido de entretener y complacer el morbo de la sociedad actual.

No hay más que leer obras más recientes del siglo XX de muy buena calidad literaria como “Lolita” de Vladimir Nabokov y “El amante de Lady Chatterley” de D.H. Lawrence. Ya sea una obra antigua o una más moderna, siempre serán de mucho más calidad literaria que la de la tan aclamada trilogía. Si en verdad quieres leer literatura erótica echa un vistazo a las muchas obras publicadas en varios idiomas que puedes encontrar en toda la web.


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