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Categoría: Intelectual
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A lo largo de numerosos siglos, incluso en la Edad Media, el baño fue una práctica habitual en Europa, sobre todo entre gente procedente de las altas clases sociales. Se introducían en grandes tinajas de madera, a menudo dos o tres personas e incluso llegaban a hacerlo hombres y mujeres juntos.

La historiadora de la Universidad de Londres Katherine Harvey no está de acuerdo en absoluto en esta visión apestosa de la Edad Media y explica en un artículo para la BBC que, para empezar, la propia hija de Isabel la Católica, Juana la Loca, sentía tal afición por bañarse y lavarse el pelo que su marido, Felipe el Hermoso, llegó a temer que enfermara. La preocupación del real cónyuge respondía a la creencia arraigada entonces de que demasiados baños debilitaban el cuerpo.

Pero, desde el primer momento, la Iglesia ejerció una constante oposición a esta práctica, ya que consideraba este afán por la higiene algo pecaminoso y un lujo innecesario; tampoco la Iglesia veía bien que exploraras o tocaras tu propio cuerpo., se consideraba pecado.

El problema con los baños en la edad media no tenía nada que ver con la higiene en realidad, sino con la promiscuidad, supuesta o real. Ya en el siglo XVI, el fraile Luis de Escobar afirma en su obra "Las respuestas quinquagenas" que en los baños “los sanos se recreaban y los dolientes sanaban”, pero “más también hay grandes males que del mucho uso resultan, que los que en ellos se juntan, hacen pecados mortales, que se hacen lujuriosos, delicados y viciosos”. Así que fin del misterio. Los baños podían convertirse en una tentación moral, ya que en muchos lugares los tomaban juntos hombres y mujeres, con las consecuencias que no es difícil imaginar.

Finalmente, tuvieron que llegar las enfermedades y la facilidad de su contagio en este medio (al menos, la Iglesia contribuyó notablemente a propagar esta información, por otro lado, poco contrastada) para que decreciera poco a poco el número de baños, abandonándose finalmente esta higiénica costumbre. Y fue la rápida propagación de la sífilis lo que lo consiguió definitivamente en la Baja Edad Media.

 

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