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Antiguamente, las mujeres que presentaban ansiedad, depresión, retención de líquidos, espasmos musculares, insomnio, pérdida del apetito, nerviosismo, irritabilidad y agresividad eran mandadas por sus maridos al médico, el cual le diagnosticaba que padecían de una enfermedad denominada “histeria”.

Su tratamiento se basaba en un “masaje pélvico” con la finalidad de lograr el paroxismo histérico, conocido en la actualidad como orgasmo.

¿Cuál es el origen de esta enfermedad? El nombre de la enfermedad proviene de la palabra útero (“hystera” en griego). Dado que en la antigüedad Platón e Hipócrates asociaban estos síntomas al desplazamiento del útero enfermo por el interior del cuerpo de las mujeres.

Siglos más tarde, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, afirmó que el origen de la histeria se debía a alguna experiencia reprimida por el inconsciente.

Dadas estas dos teorías diferentes, durante la época victoriana se desarrollaron dos vertientes de tratamiento de la enfermedad.

Por un lado, desde los comienzos del psicoanálisis se comenzó a utilizar el método catártico, empleando la hipnosis y la curación por la palabra (como en el famoso caso de Anna O.).

Por otro lado, la vertiente más médica centraba la cura en intervenciones sobre el útero: fortaleciéndolo (con métodos arcaicos y dañinos, como los sangrados, las inyecciones de nitrato de plata y las cauterizaciones) o extirpándolo (a través de una histerectomía).

Además de los métodos anteriormente citados, también existía otro método de curar la histeria: el paroxismo histérico, o, dicho en otras palabras, la masturbación asistida.

 

 

Era tanta la cantidad de mujeres que empezaron a asistir a las consultas para recibir su “tratamiento para la histeria” que los médicos al final de la jornada de trabajo quedaban agotados y con sus manos acalambradas; por esto decidieron inventar un útil artefacto que producía vibraciones rítmicas y se lograba más fácil y más rápido el paroxismo histérico en la paciente sin necesidad del común masaje manual: he aquí el origen del vibrador. En esa época era visto como un artefacto curativo, incluso las mujeres más adineradas, los tenían en sus casas para cuando sentían “brotes de histeria”. Luego de la aparición de dicho aparato en las películas pornográficas, este tomó un matiz netamente sexual-erótico y comenzó a ser visto como un instrumento pecaminoso.

En 1952 la Asociación Americana de Psiquiatría (A.P.A) desacreditó la histeria como enfermedad y afirmó que se trataba de un mito.

 

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