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Es el llamado surco subnasal o arco de cupido y te contaré el mito sobre esto, una vieja historia judía cuenta que cuando un niño está en el vientre de su madre y por ser extensión de Dios contiene en sí mismo todo el conocimiento del mundo.

El número de estrellas en el firmamento, el número de gotas de agua que conforman un océano o los granos de arena que cubren los desiertos, el conocimiento mismo del cosmos y claramente cada letra y palabra de la Torah, los Vedas y el Corán.

No hay misterio sobre la faz de la tierra que desconozca, ni misterio en el cielo o el mar, que no pueda resolver, pero cuando está a punto de nacer, su Ángel de la guarda baja del cielo y colocando un dedo sobre sus labios sella todo su conocimiento dentro de él.

Mientras le susurra una sola palabra APRENDE, y así el bebé queda marcado con un huequito entre los labios y la nariz, es la marca del dedo de su ángel que lo invita a utilizar al máximo su libre albedrio para servir a sus semejantes y abrirse paso en esta prueba que es la vida.

A parte de la leyenda o el mito, en biología se llama el philtrum o surco naso labial o intranasal, su longitud y anchura son variables. Acaba inferiormente en una prolongación llamada tubérculo labial. está siempre presente en cualquier rostro humano, al igual que la nariz y los ojos, es el punto final de unión donde la configuración anatómica de nuestra cara se cierra y cuando no se forma adecuadamente puede dar origen al labio leporino, además su función es un vestigio que se quedó en la evolución, por ello la ciencia lo clasifica como una función perdida, por que antiguamente el olfato cumplía una función mayor en los humanos que la vista.

 

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