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Corría el año de 1948 cuando Delfina Gonzalez Valenzuela abrió las puertas del burdel "Guadalajara de Noche" entre sus clientes figuraban políticos, militares, campesinos y todo aquel que deseaba una noche de placer.

Nadie se imaginaba lo que ocurría detrás de la organización de Delfina, que más tarde incorporaría al negocio a sus hermanas Carmen, Eva y María. Años después, serían conocidas como Las Poquianchis. Con 91 asesinatos oficiales, se convertirían en las asesinas seriales más despiadadas que se hayan visto en México.

La cruel y escalofriante historia comenzó en San Juan de los Lagos, Jalisco. "El Guadalajara de Noche" empleaba entre sus filas a jóvenes, a las cuales se refería como sus pupilas, de incluso hasta 13 y 15 años. Las niñas eran engañadas por Delfina, que les hacía creer a sus padres que trabajarían como empleadas domésticas, también tenía hombres reclutando jovencitas en pueblos y rancherías cercanas, las engañaban cruelmente, o simplemente se las robaban. Una vez entregadas a Delfina, el infierno comenzaba para las inocentes jovencitas, pues les quitaban la ropa y eran violadas y sodomizadas por los ayudantes que se encargaban de abusar de ellas, uno tras otro.

Al poco tiempo abrieron las puertas de su segundo burdel llamado con el mismo nombre "Guadalajara de Noche" en San Francisco del Rincón, las hermanas de Delfina eran las encargadas de la administración del dinero y del suministro de la comida, se cuenta que las jóvenes eran alimentadas con 5 tortillas y un plato de frijoles al día. Los negocios de prostitución iban viento en popa, y entonces encontraron un local en León, Guanajuato, conocido como el Poquianchis. Al cual le cambiaron nombre a "La barca de oro" pero la gente continuaba llamándolo "Poquianchis" mismo sobrenombre por el que serían conocidas las hermanas entre la sociedad. En el año de 1962 los burdeles y cantinas de León, fueron prohibidos por el gobierno en Guanajuato, así que las Poquianchis solo se quedarían con el Burdel, "El Guadalajara de Noche" ofreciendo a militares servicios "gratis" a cambio de protección para el burdel.

La aterradora historia cuenta que la madre de las Poquianchis era una católica obsesionada con la religión, misma que les inculcó a sus hijas, pero según la creencia de Delfina la prostitución no era un pecado, siempre y cuando se respetaran ciertas reglas. Mismas que no podían romper ninguna de sus jóvenes trabajadoras. En caso de romperlas, eran salvajemente torturadas, y si alguna chica protestaba, intentaba escapar, o no querían acceder a alguna de las peticiones de sus clientes, eran arrastradas de los cabellos para después ser asesinadas a golpes por los hombres de Delfina. Las poquianchis nunca asesinaban directamente a sus trabajadoras, pues era considerado para ellas "pecado".

Delfina y sus hermanas consideraban que, al cumplir los 25 años, las mujeres ya eran "viejas" y ya no les funcionaban, entonces las entregaban al "Verdugo" quien era uno de sus hombres, para que las encerrara en los cuartos del rancho. Las chicas se quedaban sin comer, las pateaban y golpeaban con una tabla de madera, una vez que quedaban inconscientes e indefensas, el "Verdugo" las sacaba del cuarto, para enterrarlas aún con vida, en una zona del rancho.

También si alguna de las chicas se embarazaba, las obligaban a abortar, se presume que los fetos eran metidos en botellas, para después desaparecerlos.

El 12 de enero de 1964 el infierno del cautiverio de las Poquianchis fue denunciado a las autoridades por una joven que logró escapar, el rumor se comenzó a correr de forma inmediata, y aunque Delfina y sus hermanas negaron los cargos, los agentes judiciales encontraron 90 cuerpos de mujeres enterrados, fetos en descomposición y huesos por todo el rancho. Esta vez no hubo nada que pudiera ayudar a las Poquianchis, quienes fueron sentenciadas a 40 años de prisión, pena máxima en Guanajuato.

El 17 de octubre de 1968 Delfina, conocida como “La poquianchis mayor” murió de 56 años a causa de un recipiente de cemento que cayó en su cabeza mientras unos albañiles hacían arreglos en una de las celdas.

Carmen, falleció en su celda en noviembre de 1984 a causa de un cáncer hepático.

María de Jesús salió de la cárcel y nunca se volvió a saber de ella.

Maria Luisa (Eva en algunos documentos), quien había dejado el negocio de sus hermanas, fue arrestada en Matamoros, y terminó sus días en un manicomio.

Han corrido muchos rumores acerca del caso de las Poquianchis muchos de los cuales podemos ver en las producciones que se realizaron después de que su caso salió a la luz, tal es el caso del libro “Las muertas” escrito por Jorge Ibargüengoitia, el cual sirvió como guión de la película “Las Poquianchis” de 1976, dirigida por Felipe Cazals. Más tarde en 1992, la periodista Elisa Robledo sostuvo una serie de conversaciones con una de las hermanas, María de Jesús González Valenzuela, presa en el penal de Celaya, con lo cual publicó el libro “Las Poquianchis, ¡Por Dios que así fue!”.

La historia de Las Poquianchis ha trascendido como una de las más oscuras leyendas a nivel mundial en el ámbito policial.

 

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