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El capítulo 7, gustos aparte, es una de las hojas más perfectas de la literatura universal. Pertenece a Rayuela del escritor Julio Cortázar, pero tiene identidad propia y el placer de su lectura no depende del resto de la obra, según Ulises Argandona.

Es un poema en prosa con la narración más original y musical de un beso que se haya escrito jamás. Su efecto en el lector primerizo es inmediato, sucumbe pública o secretamente al recuerdo de su propio beso anhelado o de su boca amante imaginada”.

[EL BESO]

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela se puede leer de dos maneras: “en la forma corriente” del capítulo 1 al 56, “al pie del cual hay tres vistosas estrellitas que equivalen a la palabra Fin. Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue”; esta es la primera manera, así lo explica Cortázar en las instrucciones del “Tablero de dirección”, y lo hace también con la segunda opción, que incluye noventa y nueve capítulos más: “empezando por el capítulo 73 y siguiendo luego el orden que se indica al pie de cada capítulo”.

 

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